La otra orilla es una de mis canciones preferidas de Los Enemigos y este cuento habla un poco de eso, del otro lado, de otras vidas que nunca vivimos o nunca volveremos a vivir, de la vida en negativo tan glosada por Millás y del deseo de volver al paraíso de la infancia. Éste también es uno de mis cuentos favoritos y, una vez más, no ha pasado la criba de la Ser. Empiezo a desesperarme un poco después de que sonara la flauta hace casi 3 meses.
Aquel niño era yo. Sin salir de mi asombro, contemplé fascinado la réplica infantil de mí mismo, que seguía milimétricamente todos mis movimientos. Al otro lado del espejo estaba yo, años atrás. Reconocí mis piernecitas raquíticas y mis rizos enredados, aunque fui incapaz de recordar aquella sonrisa feliz de despreocupación. De repente, mi reflejo me hizo un gesto juguetón, invitándome a seguirlo. Reflexioné unos instantes… aquí no tenía nada que perder. Allí me esperaba mi infancia, mi paraíso perdido. Temblando, moví un pie y el cristal me pareció una cortina de agua helada, tras la que poco a poco desapareció todo mi cuerpo.
Margaret Dumont
Un relato que no pasó la lotería de la Ser. ;)
Cojeando, me esforcé por alcanzar la fila de niños que regresaban del recreo. Aquel enano me había pegado con todas sus fuerzas. “Las chicas no juegan al fútbol”, me dijo sacándome la lengua. “Ojalá te mueras”, le contesté llena de rabia y de dolor. Al día siguiente no vino a clase. El profesor empezó a explicarnos que ya no volveríamos a verlo y yo palidecí. “Haré lo que quieras, me comeré todas las verduras, por favor, por favor, que no se haya muerto…”, murmuré horrorizada. Mi compañera me interrumpió de un codazo, “¿Lo has oído? ¡Al nuevo lo han fichado en un equipo de alevines!”. Desde aquel día soy devota y vegetariana.
Margaret Dumont
El otro día un amigo me avisó: "alguien ha colgado tu relato en internet". Qué cosas. Este microrrelato fue finalista en el concurso de la Ser, primer intento, en la diana, Al más puro estilo Paul Newman en El Buscavidas, jejeje. Nunca me han vuelto a seleccionar, pero seguiremos intentándolo. Va por ustedes:
Me doy cuenta de que ya echo de menos a mi ex mujer y a mis hijas. Las odio y sin embargo las adoro, aunque me hayan dejado aquí solo, sin una última palabra de afecto. A través del cristal veo cómo llueve y la gente camina apresuradamente. Debe de ser lunes. Cambio el peso de un pie a otro cuando, de repente, alguien entra en la tienda. Una voz femenina pregunta: “¿Cuánto cuesta ese hombre del escaparate?” Parece joven y de reojo la adivino rubia y delgada. Mis favoritas. Quizás no esté tan mal esto de estar en venta.
Margaret Dumont
PD: premio al que adivine el por qué del título (Starship)
Deambuló por la ciudad hasta que, harta de vagar, entró en su casa. Se tumbó en la cama y cayó en un profundo letargo durante horas, quién sabe si días. Al despertar, sintió que su ropa no le valía. No reconocía su cuerpo, ni aquellos muebles, ni aquella casa y salió a la calle desnuda. En el suelo creyó percibir un camino amarillo que nadie parecía ver, aunque a medida que andaba sobre él se dibujaba con mayor nitidez. Notó que volvía a vestir prendas que le ajustaban. Nadie reparaba ya en ella. Siguió caminando, rumbo al reino de Oz.